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Evita las compras impulsivas

Con frecuencia se utiliza el término de compra compulsiva para referirse al acto de adquirir cosas que no necesitamos y que no estaban planeadas en nuestro presupuesto. Sin embargo, existe una diferencia entre el impulso y la compulsión.

Los compradores impulsivos son aquellos que pueden planificar y tener claro lo que necesitan, pero su comportamiento cambia radicalmente cuando van de compras: si sólo habían planeado visitar el supermercado por dos artículos, salen con diez, pues las ofertas y la disponibilidad y variedad de productos les hizo sentir que los necesitaba.

Esta conducta es generada por un estímulo externo, ya sea la publicidad, las novedades, las gangas o alguna sugerencia de las amistades.

Por otra parte, las compras compulsivas son aquellas motivadas por impulsos irresistibles de comprar frecuente y desordenadamente, sin siquiera contemplar si lo que se adquiere es necesario o, como ya se mencionó, si se apega a nuestro presupuesto. Esta actividad termina afectando la calidad de la vida personal y familiar, debido al endeudamiento desmedido que puede concluir en la bancarrota. Éste es un asunto de salud emocional.

Según estudios psicológicos, quienes sufren de esta compulsión manifiestan cierto grado de angustia: van a los grandes almacenes cuando se sienten tristes, solitarios, enfadados, sensibles o irritables, o bajo cualquier otra sensación poco placentera. También experimentan un vacío interior debido a frustraciones o fracasos. Estos estudios nos informan que estas personas suelen sentirse poderosas y momentáneamente felices cuando están comprando. Más tarde, les embarga la depresión al darse cuenta de la gran cantidad de dinero que han gastado y los problemas que esto les implica.

Tener la cartera vacía y las tarjetas de crédito sobregiradas además del incontrolable deseo de seguir comprando, tiene que ver con problemas emocionales que impiden la contención de dicha conducta. Se trata de un trastorno patológico de la personalidad grave que requiere atención psicológica.

Cuando la alegría de comprar dura poco
Para los especialistas en el comportamiento humano, la compra compulsiva ayuda a anular, al menos momentáneamente, la angustia, pues brinda satisfacción inmediata, sencilla y tangible. Las compras se vuelven descontroladas pues las personas que sufren este padecimiento buscan que esta sensación de satisfacción transitoria se prolongue.

Esta actividad puede acarrear sentimientos de culpa, debido a que los productos o bienes comprados no llenan el vacío existencial, el cual se origina en otra causa ajena a las cuestiones materiales. La compra compulsiva no parece una enfermedad, pero responde a un estado emocional, que no deja huellas físicas, pero deteriora la salud mental y financiera de las personas que la sufren.

Controlando mi comprador interno
Entre la compra impulsiva y la compulsiva puede existir una gran o pequeña brecha. Esto depende de nuestro estado emocional, de nuestra capacidad de plantearnos metas o proyectos y realizarlos, así como de la fortaleza para resistir las presiones y el estrés de un demandante mundo mediatizado que fomenta el consumismo.

Controlando las compras y no ellas a nosotros
Si al llegar al supermercado introduces en tu carrito productos que no tenías contemplados comprar, detente antes de llegar a la caja y analiza todas tus elecciones de compra: sé objetivo y descarta aquellas que realmente no necesitas, por muy atractivas que te hayan parecido, ya sea por su precio o novedad. Suma el total a pagar con y sin los artículos de compra impulsiva y toma en cuenta la cantidad que estabas por gastar.

Aquí te proponemos algunas sugerencias para evitar este tipo de compras, sobre todo en las épocas en donde las ofertas y propuestas de compra parecen cada vez más seductoras:

  • Apegarse a la lista. Enumera las cosas que vas a comprar al salir de casa y procura apegarte a la lista. No compres cosas de más.
  • No permanezcas en el supermercado por más de media hora. Está comprobado que quien pasa demasiado tiempo entre las ofertas y los artículos nuevos tendrá más ganas de comprarlos, aunque no los necesite.
  • Procura llevar un control financiero diario. Para tomar conciencia en qué gastas tu dinero, una pequeña libreta permite mantener un registro de todo lo que compras. Apunta hasta los gastos más pequeños, como el pago de un estacionamiento o de un café, lo que te hará ver en qué utilizas tu dinero.
  • Evita las tentaciones. Identifica y manténte alejado de lugares como centros comerciales, tu tienda favorita, exhibiciones o canales televisivos de compra o anuncios de periódicos, así como de tiendas en línea.
  • Fomenta otras actividades. Busca un pasatiempo que sea gratuito o barato, para que comprar no sea el principal placer en tu vida. Hay muchas cosas estimulantes que resultan de bajo costo, como ir a museos, asistir a pláticas y presentaciones de libros, visitar parques o practicar deporte.
  • Ejerce el autocontrol. Demuéstrate a ti mismo que posees la fuerza de voluntad y el aplomo suficiente para no faltar a tu propia palabra y no desajustar tu presupuesto, sobre todo, para no afectar a tu familia con estas situaciones.

Propósitos de Año Nuevo
Para contrarrestar el aumento de las tendencias o afanes consumistas, es necesario proponernos cambiar sustantivamente los hábitos de nuestra vida. En este sentido, no se debe perder de vista una serie de pautas para evitar los excesos:

  • El costo de oportunidad por comprar cosas que no necesitamos, puede privarnos de las que sí requerimos y que resultan urgentes.
  • No esperes hasta el último momento para realizar tus compras, las cuales pueden obedecer a la euforia por comprar ofertas o gangas. De esta forma, tu compra podría no ser asertiva.

Motivar un cambio en nuestra manera de gastar, también implica cambios en los conceptos de comprar, ahorrar, invertir y planear. Lograr que nuestras finanzas personales sean exitosas es un proceso en el que se trabaja día a día.

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